MÁS ALLÁ DE LA ECONOMÍA, EL CAFÉ ES DIGNIDAD Y CULTURA

 
 




Para nosotros en Colombia, el café está arraigado en nuestra cultura y nuestras tradiciones, todos y cada uno de los colombianos, hagan parte o no, de los territorios que cultivan el café, tienen una relación directa con el grano y nos identificamos con él en cualquier parte del mundo. Además de la significación cultural que tiene la producción cafetera, debemos tener en cuenta, máxime en Antioquia, que fue el café el que ayudó al desarrollo y crecimiento económico del Departamento en el siglo XX. Durante muchos años, la producción cafetera era el producto número uno de exportación del país. Sin embargo, la vocación tuvo un drástico giro y se inclinó por la explotación de petróleo y oro.
 
 
En la actualidad, el sector cafetero del país, que sigue siendo una porción importante de las exportaciones y de la economía nacional, más aún teniendo en cuenta que de este dependen muchas familias de escasos recursos, que ante la crisis, su situación podría verse afectada drásticamente. Son muchas las familias colombianas que dependen directa e indirectamente de la producción del café, pero son aquellas que viven en las zonas rurales, esas que se aferran a nuestra tradición, a nuestra historia y que continúan con la tradición ancestral cafetera, las que exigen de nuestra parte el mayor compromiso, dedicación, esfuerzo y energía, no solo por defender el sector cafetero, sino además, por plantear y construir entre el legislativo y el ejecutivo, alternativas que permitan dignificar de nuevo dicho sector. 
 
Pero vamos más allá, cuántos de nuestros municipios cafeteros dependen en gran medida de la cosecha cafetera, para el recaudo de sus recursos propios, sabiendo que éstos directamente van a la inversión social de sus territorios. Por ello hago nuevamente hincapié en la importancia de desarrollar salvavidas a la producción cafetera, de incrementar los recursos que el Estado colombiano está anunciando, pues ya se ha dado a conocer que la crisis por la que pasa este sector de la producción nacional, necesita mucho más que los 100 mil millones anunciados por el gobierno y se habla de cerca de 500 mil millones para poder hacer frente a la difícil situación de nuestros caficultores. Personalmente me une a las regiones cafeteras de Antioquia, grandes amigos por medio de los cuales sé y siento de primera mano, la crisis, las dificultades y las preocupaciones que hoy por hoy los embargan.
 
En el caso particular colombiano, la producción del café, no se trata solo de economía, de ingresos y egresos, de PIB, de divisas, ni de bolsas de valores, no, el café en Colombia es identidad, dignidad, historia, tradición y es tal su importancia, que ha trascendido la esfera internacional al convertirse nuestro paisaje cafetero en patrimonio de la humanidad. Cuando se toca la caficultura, se toca al colombiano mismo, el café colombiano es reconocido a nivel mundial, hace parte de nuestro orgullo patrio, es uno de nuestros más positivos y universales símbolos, no puede ser posible que como imagen, como objeto publicitario tenga toda nuestra atención, pero como recurso principal del bienestar y desarrollo de nuestras comunidades, sea dejado en un segundo plano hasta que llegan las crisis y cuando el problema se hace casi incontenible. Es responsabilidad de todos los colombianos defender la caficultura y asegurarnos así, no solo la continuación de nuestras tradiciones culturales sino además, el bienestar de millones de compatriotas y asegurarnos la conservación de un imaginario colectivo que trascendió fronteras.