EL FRACKING NO PUEDE SER ENUEVO FLORERO DE LLORENTE





A propósito de la polémica surgida alrededor de la técnica de fracturación hidráulica de la roca subterránea para la extracción de hidrocarburos, o simplemente fracking, cabe destacar que algunos de los argumentos que han sido expuestos por los expertos en el tema, son desvirtuados cuando se aterrizan a las realidades propias de nuestro país.
 
 
Por lo general, los defensores de esta práctica parten de la experiencia que tienen Estados Unidos y el Reino Unido en su utilización, dado que son países que llevan décadas implementándola; lo que les ha permitido avanzar en su perfeccionamiento, pero además, son naciones industrializadas con suficientes recursos para atender cualquier tipo de alteración de tipo social o ambiental en el contexto de las exploraciones con fracking. A pesar de la habilidad de estas dos potencias, hay algunos otros países desarrollados que, con condiciones socioeconómicas relativamente semejantes a EEUU y Reino Unido, han prohibido la utilización de la fracturación hidráulica en sus territorios.
 
En Colombia el debate ha estado abierto desde hace algunos años, alcanzando en el presente una mayor actividad cuando la posibilidad de comenzar la explotación de hidrocarburos con esta técnica es cada vez más factible, sin embargo, los territorios colombianos en donde existen importantes yacimientos petroleros tienen características propias y especiales, como es el caso de los páramos, reservas naturales, reservas hídricas, además de los centros poblacionales, los cuales tendrían el mayor impacto negativo por esta actividad. Donde cerca del 80% de los estudios técnicos que se han hecho en el mundo relacionados con el fracking, hablan de las graves consecuencias que se producen, no solo en la tierra y el medio ambiente, sino en las comunidades cercanas o adyacentes a la explotación.
 
Es tal el riesgo de esta técnica de extracción de hidrocarburos que puede incluso generar pequeños sismos, pero también se ha probado la incidencia de esta práctica en padecimientos de salud de las comunidades adyacentes. Nuestra responsabilidad frente a estas prácticas de ingeniería y de explotación petrolífera, va encaminada a resguardar fundamentalmente los intereses de las comunidades y de sus territorios.
 
Categóricamente decimos no al fracking, ya que ancestralmente hemos avanzado en la consolidación de mecanismos de tipo político, normativo y social, frente a la conservación de los recursos naturales y ambientales, como para arriesgar dichos avances con la implementación de nuevas técnicas de exploración que ponen en riesgo la estabilidad ambiental del territorio colombiano, sino también, a las mismas comunidades quienes son las directamente afectadas. Las riquezas petroleras de Colombia, deben ser alternativas de desarrollo y avance para los colombianos que viven en sus zonas de influencia, y no al contrario, convertirse en el florero de Llorente que rompa los frágiles lazos que desde el legislativo y el ejecutivo hemos construido, con hilos de confianza con las diferentes comunidades del país.
 
Considero sumamente importante que desde quienes tenemos la responsabilidad de construir marcos normativos y quienes los utilizan para la toma de decisiones, éstas sean coherentes con nuestras realidades, entre las que se encuentran la gran riqueza hídrica y ambiental del país, pero que también podamos avanzar en la construcción de políticas públicas de conservación y protección. Las ancestrales riquezas ambientales y naturales deben estar siempre por encima de las riquezas que genera la exportación de petróleo. Desde la política nacional, se debe comenzar a trabajar en la alternatividad productiva de la nación, es decir, aceptar y acatar el mandamiento de la madre naturaleza con relación a que nuestras reservas petroleras van en descenso y tomar decisiones teniendo en cuenta que no podemos depender enteramente de estas riquezas, sino por el contrario, aprovecharlas para potenciar otras alternativas de producción, como es el caso de la producción en el campo y la industria agrícola.