HABRÁN OBSTÁCULOS, PERO EL CAMINO DE LA PAZ YA ESTÁ ABIERTO






Décadas de conflicto que han dejado miles de huérfanos, viudas, padres y madres que han perdido a sus hijos, esposas, esposos, cientos de miles de colombianos que han sido despojados de sus tierras, el sustento moral de la patria, todo eso lo debemos terminar y la JEP es una de las llaves para hacerlo. Como colombiano, como parte de esas muchas generaciones nacidas en medio de una guerra sin sentido y sin cuartel, me propuse apoyar cualquier iniciativa o posibilidad de cultivar la esperanza de que nuestros hijos pudieran vivir en un país en paz. Hoy por hoy me siento orgulloso que con la ayuda de miles de amigos que creyeron en mí y ese propósito entre muchos otros, pude estar en un momento coyuntural e histórico, el trabajar para abrirle la puerta a la paz después de 70 años de confrontación armada con la guerrilla más antigua y numerosa del continente.
 
La paz es un valor, es un principio, es un estilo de vida, pero lo más importante, es un derecho consagrado en todos los manifiestos que ha escrito y concertado la humanidad en los dos últimos siglos y que sustentan las democracias, las libertades, los derechos de todos y cada uno de los seres humanos de este planeta. En este tema, me declaro el más liberal de todos los liberales, porque he defendido y defenderé la posibilidad de que mis hijos, los hijos de quienes me leen, las generaciones futuras y por qué no, nosotros mismos tengamos la posibilidad de trabajar en un país con todas las oportunidades que da la paz.
 
Uno de los alcances más importantes en este sentido fue la JEP, un tema bastante complejo de digerir para una sociedad que ha vivido siempre en guerra, pero un tema resuelto positivamente en todos los países que han logrado desligarse de los horrores de la guerra. Por ello, defender la JEP es defender el derecho a la paz y abrir el camino a la reconciliación, pero fundamentalmente, el camino a la justicia que entrega el conocer la verdad de lo ocurrido.
 
Intentarán reescribir la historia, podrán negar el conflicto armado en Colombia, imponer un nuevo revisionismo histórico que abra las puertas a proyectos de olvido; pero lo que hemos logrado desde todas las instituciones democráticas de Colombia y la sociedad civil, nadie ya podrá borrarlo. La dignidad y la tranquilidad que solo da el reconocimiento de las víctimas y la posibilidad de que su voz sea escuchada, la presencia y atención del Estado en aquellos territorios más vulnerables y azotados por el conflicto, pero sobre todo, el generar una cultura de paz en las juventudes de este país. Todo ello alienta y motiva a seguir trabajando con mayor vehemencia en momentos en que los obstáculos se presentan en este camino de la paz, camino que ya está abierto y que difícilmente ser cerrado. 
 
Defiendo la JEP como parte de ese pacto por la paz con quienes se desarmaron creyendo en la institucionalidad del Estado y en el poder disuasorio de la constitución más que el de las balas. La JEP es la herramienta más plausible para conocer la verdad de lo sucedido. En último término, es la posibilidad de darle reconocimiento y voz a las víctimas de este conflicto, quienes al fin y al cabo, son, o al menos así debería ser, los principales protagonistas de todo este proceso de paz que ha traído solo beneficios al país, aunque muchas veces los intereses generales no vayan en la misma dirección que algunos intereses personales. Yo me niego a creer, y lucharé para que ello no suceda, que la guerra sea políticamente correcta y sea más exitosa que la paz y la reconciliación del pueblo colombiano.